Martín y David se quedaron mirándose unos segundos.

Después Martín empezó a hablar.

-No te habrás creído nada de lo que ha dicho Raúl, ¿verdad?- dijo completamente exaltado- se lo ha inventado todo. Eso es mentira, ¿cómo iba yo a besarle?

David no sabía que decir. Se había quedado sin palabras después del bombazo que acababa de soltar Raúl. Claro que se lo creía, aquello lo explicaba todo. ¿Por qué razón iba a odiar tanto Martín a Raúl? Pues porque eran iguales, pero Martín no quería aceptar su homosexualidad. Como bien había dicho Raúl a quien se odiaba era a el mismo.

-No me puedo creer que haya dicho que le besé- Martín seguía negándolo- ¿Y tú te lo has creído? Yo no soy maricón.

-Bueno…- David seguía sin saber que decir.

-¡Ya ha sembrado la duda ese imbécil! Espero que esto no salga de aquí David. No le cuentes esto a nadie.

-Claro, tranquilo- le contestó David.

-Estoy deseando que llegue mañana, porque no solamente voy a darle una paliza a ese marica, le voy a matar.

Después de decir aquello Martín se marchó cerrando la puerta del baño de un portazo.
El resto del día pasó sin complicaciones. Durante las dos horas que quedaban para salir del instituto Martín no molestó en ningún momento a Raúl. Estaba reservándose para el día siguiente.

Cuando David llegó a casa después de las clases, sus padres todavía no habían regresado del trabajo. Subió las escaleras hasta su habitación y se tiró encima de la cama. << Menudo primer día de clase- pensó- solo espero que Raúl haya hecho caso de mi advertencia y mañana no vaya a clase>>

Decidió dormir un poco mientras esperaba a que llegaran sus padres para comer. Poco a poco fue quedándose dormido pensando en el día que le esperaba mañana y en que podía hacer para evitar que pegaran a Raúl.

CONTINUARA…

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