Martín observaba a través de la ventanilla como dormía David. Ahora era el momento perfecto para entrar sin que se enterase, coger su móvil y borrar el vídeo. Comenzó a abrir la puerta de la habitación poco a poco y se introdujo en ella lentamente. Una vez dentro caminó hacia la mesilla de noche, donde estaba el teléfono móvil. Ya estaba a punto de alcanzarlo cuando de repente David abrió los ojos. Martín se quedó paralizado y entonces se oyó una voz a su espalda.
-¡Quédate quieto donde estas y no te muevas!
Martín giró la cabeza y vio que tenía a su espalda a un policía de unos cincuenta años apuntándole con una pistola. Detrás de él entró otro más joven, también con la pistola en la mano. Se acercaron a él, le agarraron por los brazos y le pusieron las esposas. Martín no intentó escapar, es más, ni siquiera movió un solo músculo porque todo aquello le había pillado completamente por sorpresa.
-Creo que se están equivocando- es lo único que salió de sus labios.
-Yo creo que no- le dijo el policía más mayor- Tu amigo David nos llamó y nos enseñó el vídeo en el que sales confesando que le empujaste contra un coche para que este le atropellase. Después hemos recibido la noticia de que habían disparado a un alumno de vuestro instituto- dijo señalando a David y a Martín con el dedo índice- Tras recibir la noticia del disparo pusimos bajo vigilancia a tu amigo David y cual fue nuestra sorpresa cuando recibimos una llamada de la enfermera de recepción diciéndonos que tiene una visita, y te vemos por las cámaras de seguridad con una pistola en el ascensor- continuó diciendo el policía mientras sacaba la pistola que Martín tenía escondida y la metía en una bolsa de pruebas- Así que quedas detenido por el asesinato de Raúl Gutiérrez y por el intento de asesinato de David Bermejo- le dijo el policía mientras se lo llevaban y le leían sus derechos.
David se quedó allí tumbado en la cama mientras una lágrima caía por su mejilla.
DOS DÍAS MAS TARDE…
 
David estaba recogiendo su ropa y guardándola en una maleta. Por fin le habían dado el alta en el hospital. Guardó las últimas cosas, cerró la maleta y caminó por el pasillo hacia el ascensor. Mientras esperaba a que este llegase, pensaba en Raúl. No había llegado a conocerle mucho, pero podrían haber llegado a ser buenos amigos. Debería haberle ayudado cuando tuvo ocasión. Debería haber denunciado a Martín y a los demás, y Raúl todavía seguiría vivo. David se prometió a sí mismo no volver a ignorar una situación así nunca más, y que la próxima vez denunciaría, porque no solamente son culpables las personas que hacen bullying, también lo son aquellos que observan y callan.

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