-Yo intenté apartarme pero Martín no me dejó- contestó David- No fue un accidente, Martín me empujó contra el coche. Creo que deberíamos hablar con la policía. Estuvo a punto de matarme.

-¿Y tú crees que eso serviría de algo?- le contestó Raúl- ¿Sabes una cosa? Mi padre es policía. ¿Y sabes lo que hizo cuando le conté que me estaban acosando en el instituto? No hizo nada. Me dijo que ya soy mayorcito para defenderme yo mismo.

David se quedó mirándole sorprendido. Cada vez iba comprendiendo mejor la situación. Raúl se sentía indefenso porque ni su propio padre le había prestado ayuda.

-Mi propio padre pasó de mi- le siguió contando Raúl- Me dijo que no quería que yo fuera un blando al que le tuvieran que sacar las castañas del fuego cada vez que tuviera un problema, y que debía arreglármelas por mí mismo. ¿Y sabes una cosa? Creo que tiene razón, tengo que arreglar esto cuanto antes y tengo que hacerlo yo solo.

-¿Y qué piensas hacer?- le preguntó David sorprendido porque Raúl había conseguido sacar el valor para afrontar la situación.

-Se me ha ocurrido una idea para acabar con esto para siempre- le respondió Raúl.

Justo en ese momento entraron los padres de David en la habitación. Estaban muy preocupados y corrieron hacia la cama para ver cómo se encontraba su hijo. Raúl los saludó y se despidió de David prometiendo ir a verle al día siguiente.

De camino a casa iba dándole vueltas a la idea que se le había ocurrido en el hospital. Era la mejor manera de acabar con todo aquello de una forma definitiva.

Después de un viaje de veinte minutos en autobús Raúl por fin llegó a su casa. Metió la llave en la cerradura y abrió la puerta. A esa hora su padre no estaba en casa. Vivía solo con su padre desde que este y su madre se habían divorciado hacía ya tres años.

Se dirigió a la cocina, abrió el frigorífico y sacó las sobras de la comida del día anterior. Metió los macarrones con queso en el microondas y mientras se calentaban se dirigió hacia su habitación. Subió las escaleras, entró en su habitación y dejó la mochila en el suelo. Después salió de su habitación y entró en la que estaba enfrente de la suya. Era la habitación de su padre. Estaba muy ordenada, porque su padre era un maniático de la limpieza. Se acercó a la mesita de noche, abrió uno de los cajones y rebuscó dentro. Sacó la pistola que su padre tenía allí guardada, en el doble fondo del cajón.

<< Vamos a ver quién se ríe ahora>> pensó mirando el arma y sonriendo.

CONTINUARA…

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