Enrique se plantó delante de la puerta del apartamento de Ruben y Barbara. Sabia que a esa hora no había nadie en casa ya que los dos estaban en el trabajo, pero Barbara siempre volvía antes que Ruben a casa. Abrió la puerta con sigilo y entró despacio dentro del piso. Llevaba en la mano un sobre con aconitina, un potente veneno sacado de la planta aconitum. Para algo tenia que servirle ser químico, además de para dar clase a adolescentes de veinte años . Aquel era su veneno favorito, lo había utilizado con todas sus victimas. Le gustaba ese veneno en especial porque la persona que lo ingería sufría muchísimo antes de morir. Se dirigió a la cocina y comenzó a buscar por los armarios. Por fin encontró lo que buscaba, un tarro que tenia una etiqueta pegada en el exterior en la que se leía el nombre de Barbara. Era un té en polvo con sabor a frutas del bosque que a Barbara le encantaba y en cuyo frasco Barbara ponía su nombre para no confundirlo con el té que tomaba Ruben cuyo sabor no le gustaba nada. Enrique abrió el frasco e introdujo en el todo el contenido del sobre, lo agitó un poco, lo cerro y lo volvió a dejar en su sitio. Después se dirigió deprisa hacia la puerta para salir del apartamento lo antes posible, pero oyó pasos al otro lado y como alguien introducía la llave en la cerradura. Rápidamente Enrique se escondió en una de las habitaciones y se metió debajo de la cama. En ese momento la puerta se abrió y entró Barbara. Había salido antes del trabajo porque su jefe le había dado el resto del día libre. Dejó el bolso sobre la mesa del salón y fue hacia la habitación a colgar el abrigo en su perchero. Enrique vio desde debajo de la cama como se acercaba y se quedó mirando sus pies taconeando sobre el suelo. Barbara colgó el abrigo en el perchero y volvió a salir de la habitación. Enrique volvió a respirar ya que había estado conteniendo la respiracion por temor a que Barbara le oyera.

Después Barbara se dirigió a la cocina. Puso a calentar un poco de agua y sacó el tarro de su té favorito sin saber el peligro que corría. Aquel té le encantaba, podía tomarse al día tres o cuatro tazas e incluso en verano a veces lo tomaba con hielo. Una vez que el agua estaba caliente, se sirvió una taza y añadió dos cucharadas de té en el., removió durante unos segundos hasta que todos los polvos estaban disueltos y dejó la taza sobre la encimera de la cocina. Sacó de uno de los armarios unas pastas que también le encantaban, cogió dos de la caja y volvió a guardarla. Dio un mordisco a una de las pastas y volvió a coger la taza. Dio un sorbo, la alejó y olio su contenido. Parecía que el té sabia diferente, pero no le dio importancia y siguió bebiendo. Cuando dejo la taza vacía, la metió en el fregadero para fregarla mas tarde y terminó de comerse las pastas. Después decidió ponerse a preparar la comida y fue hacia la nevera para coger algunos ingredientes, pero antes de llegar hasta el frigorífico comenzó a encontrarse mal. Empezó a notar un hormigueo y un picor en la boca que poco a poco se iba extendiendo hacia la cara y la garganta. Comenzó a sentir nauseas, vértigo y calambres. Cayó al suelo y empezó a convulsionar.

Enrique que había estado oculto bajo la cama todo el tiempo,salió de debajo de esta al oir el golpe del cuerpo de Barbara contra el suelo y fue caminando despacio hacia la cocina. Cuando llego alli vio a Barbara tirada en el suelo agonizando. Ella se quedo mirándole sin saber quien era esa persona y sin saber lo que la estaba pasando.
Se dibujó una sonrisa en la cara de Enrique cuando por fin Barbara dejo de moverse. Por fin habia muerto. Se dio la vuelta para huir de allí rápidamente y entonces se dio cuenta de que alli habia alguien más. Enrique no había escuchado como alguien entraba en la casa y se paraba en mitad del pasillo. Era Ruben que miraba a Enrique y al cadáver de Barbara con la boca abierta.

CONTINUARA…

Fuente:

DIARIO DE UN GAY RARO Y DIFERENTE

Deja una Respuesta